La Renovación de la Mente: ¿Quien soy yo?

Introducción

Al comenzar esta serie de predicaciones, que tratan sobre La Renovación de la Mente, el punto de inicio debe ser el resolver la interrogante a la pregunta

¿Quién soy yo?

Quizás suena como una pregunta muy superficial, sin embargo, cuando nos damos cuenta sobre lo que pensamos sobre nosotros mismos, sabremos cuales son las ideas y creencias erróneas que tenemos en nuestra vida, y de esta forma podremos identificar con la ayuda del dulce Espíritu Santo, cuales son las áreas que debemos cambiar en nuestras vidas.

En otras palabras, esta pregunta con la que partiremos esta serie de temas, es tal como una pregunta de diagnóstico, para darnos cuenta de nuestro estado actual.

La identidad de Pablo de Tarso

“Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho” (Hechos 27:23-25)

Luego de un largo proceso judicial al que fue sometido Pablo, donde se presentó a Félix, Festo, al Rey Agripa, este último envía a Pablo a Roma, ya que había apelado al emperador. (Ver contexto en Hechos 24, 25 y 26). Pablo estaba preso y comienza su viaje en Jerusalén para llegar finalmente a Roma.

Posterior a haber zarpado, fueron golpeados por un gran huracán, llamado Euroclidón. Por esta causa, el barco quedó a la deriva y perdieron por completo el rumbo, navegando por algunas zonas del Mar Adriático.

Piensa esto por un momento. Los tripulantes al zarpar se sentían seguros, seguían al pie de la letra las instrucciones del responsable del barco, el centurión Julio. Pero de repente el clima comenzó a cambiar, y comenzó a azotar la tormenta. Al principio, pensaron que era una tormenta más pero posteriormente comenzaron a darse cuenta que el barco iba a zozobrar. De un instante a otro el barco estaba a la deriva. Unos momentos antes los tripulantes se sentían seguros, confiando en el centurión Julio. Pablo les dijo que el viaje no resultaría bien, pero como estaba todo tranquilo, los tripulantes siguieron a aquel que tenía la experiencia en el mar. No obstante, luego de haber sido azotados por el huracán, la Luna, las estrellas se habían escondido, lo que les hizo perder totalmente la dirección

El viaje planificado se había convertido en un viaje sin destino y sin esperanza. Era totalmente sorpresiva la catástrofe que les sobrevino.

Fue en ese momento que Pablo pasó de ser un prisionero más y se convirtió en el líder responsable de las doscientas setenta y seis personas a bordo. A pesar de estar en medio de una terrible adversidad, el apóstol era consciente de su identidad, y por esto, tomó el liderazgo de las personas que se encontraban en el barco, aquellos que pensaron que su fin había llegado y los guío por el camino que Dios iba indicando

La mayoría de las personas, cuando viven una vida fácil y sin adversidades, tienden a olvidarse de su identidad. Dejan de pensar sobre la razón de la existencia del hombre y del sentido de la vida, y llevan una vida destinada a sólo satisfacer sus deseos personales, terrenales. Pero cuando un huracán se levanta sorpresivamente sobre sus vidas, esos deseos terminan por naufragar.

Es en ese momento que el hombre piensa sobre su identidad y se pregunta ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Por qué vivo? ¿Hacia donde voy? Por esto es de vital importancia de que estés seguro de tu identidad.

Los hombres que iban en el barco rumbo a Italia, parecían normales, hasta que se levantó la tormenta y no estaban seguros de sus identidades, lo que los puso en una situación de desesperanza. El temor no los dejaba ni comer ni dormir, hasta que Pablo alzó su voz.

Vamos a ver la identidad correcta de acuerdo a lo que el Espíritu Santo nos dice que Pablo dijo a los tripulantes

  1. …A quién pertenezco

Debemos tener una segura y clara identidad. Pertenecemos a Dios el Padre y a Jesucristo, su Hijo.

En el versículo que leíamos, Pablo demuestra a quien pertenece su vida y quien es el que lo protege. Estaba seguro que su vida sólo estaba bajo la soberanía del Señor. Pablo sabía perfectamente de donde venía, porque vivía y hacia donde iba, a diferencia de los tripulantes del barco que perdieron completamente la esperanza porque no tenían rumbo. A pesar de estar preso y en una situación caótica, supo afirmarse porque estaba bajo el señorío de Dios. El sabía que cuando uno se somete al señorío del Señor, se puede estar en una condición de absoluta tranquilidad. Esto es lo que se llama tener una vida de humildad, donde Dios es quien dirige nuestra vida para nuestro bien, a diferencia del orgullo, donde nosotros pasamos a ser nuestros propios dioses.

En este año, han ocurrido situaciones que me han humillado, en mi mente, en mi alma, en mis decisiones. Antes entendía la humildad como ser cabizbajo, con un rostro de aparente bondad, pero la humildad es vivir bajo el señorío de Dios. El día miércoles pasado cuando venía de regreso a mi casa, comencé a sentir un descanso tan profundo, una paz, viviendo sin preocupaciones. Sin querer comencé a sollozar. No sabía que me estaba pasando, pero me sentía muy descansado, aliviado. Al día siguiente, el Espíritu Santo me llevó al siguiente pasaje y pude entender que me había sucedido

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mat 11:29)

La única forma de encontrar el descanso para nuestra alma es cuando aprendemos la humildad, es decir, dejar que Dios tome las riendas de nuestro corazón. En otras palabras, es lo mismo que dice Pablo “al Dios a quien pertenezco”. Cuando entendemos que pertenecemos al Dios de todo, aquel que es supremo, sin que haya nadie mayor que El y cuando creemos esto, vivimos en total descanso. La identidad correcta es creer que le pertenecemos.

Cuando se avecina una crisis, debemos verificar primero si estoy seguro de mi identidad. Si viene la crisis y no tengo esto claro, no podré hacer nada en absoluto. Pero si guardamos una clara identidad sobre nosotros, por más que la Tierra tiemble, podrá estar de pie sin importar lo que pase alrededor de usted.

  1. …A quien sirvo

Pablo sabía que no había nada que temer, pues todo estaba bajo el señorío del Señor. El apóstol Pablo no buscaba la fama, ni el reconocimiento, ni una alta posición social. Tan sólo buscaba y servía a Dios y su Reino.

A los que sirven al Señor no les importa la situación en la que se encuentran, por más que sea adversa y negativa, sino que cumplen con el deber que Dios les ha encomendado y no buscan su propio beneficio. Lamentablemente hoy muchos tienden a servirse a sí mismos y no a Dios.

¿Cuánto dinero obtendré? ¿Cuál será mi ganancia? ¿Aumenta mi prestigio o mi reconocimiento? Parece difícil encontrar a un verdadero cristiano que entregue todo su ser al Señor.

Hoy debemos examinar profundamente nuestro corazón y respondernos. ¿Estoy viviendo una vida consagrada al Señor? O ¿tan sólo lo estoy usando? Servir al Señor y usarlo son dos cosas totalmente diferentes.

Vivir para El implica sacrificarse para el Reino de Dios y su justicia, ya que los verdaderos hijos son los que se esfuerzan para manifestar la gloria de Dios en la Tierra. En cambio los que usan al Señor tan sólo les importa gozar de sus beneficios, y no piensan en el Reino de Dios. Ellos no tratan de servir al Señor de la Iglesia, sino que buscan la fama, la gloria y una alta posición social.

¿Sabes cual fue la chispa que logró la explosión del evangelio en la Iglesia del libro Hechos? Fue la fe de los hombres que no le temieron a la muerte, y mostraron la verdadera identidad del evangelio. Pero lamentablemente con el transcurrir del tiempo, los hombres comenzaron a ser egoístas y a vivir para sí mismos.

Pablo era uno de los hombres que no temió a la muerte. Para él, servir a Dios era el propósito, la razón y el valor de su vida. Esto mismo debe ser para nosotros. El es nuestro único y absoluto soberano, nuestro Señor. Somos sus hijos, pero también sus obreros. Y el rol del obrero es servir a su dueño. Pablo confesó ser “prisionero de Jesucristo” (Filemón 1:1).

Los hombres del barco, pensaban que cuando llegaran el gobierno de Roma los recibiría. Pero cuando el huracán arremetió estos hombres quedaron petrificados. Cuando el huracán golpeó ¿pudo acaso Roma salvarlos o las riquezas?. Nada de eso nos puede salvar. Sólo Dios tiene el poder de salvar al hombre. Y los que sirven al Señor nunca serán defraudados.

Los hombres que no viven para Dios deben preocuparse de buscar los medios para satisfacerse. Esto provoca un gran cansancio físico, menta y emocional. Es cosa de mirar nuestra sociedad. En cambio, los hombres que sirven a Dios no necesitan preocuparse por su propio bienestar. Pablo en el momento de la tempestad pudo oír las palabras de esperanza del Señor. Cuando nos sometemos a su señorío, Dios nos guarda de todo problema.

Conclusión

Para conocer nuestra verdadera identidad debemos volver a la Palabra de Dios. , ya que de esa forma sabemos cuales son los planes de Dios para nuestra vida, y cuales son sus pensamientos. Cuando escuchamos el mensaje claro de Dios para nuestra vida, trae la paz para nuestra alma.

Cuando viene un momento de tempestad ¿Quién es capaz de decir valientemente “no se preocupen”? Pablo lo hizo. Dijo; “Al Dios a quien sirvo y pertenezco me ha enviado un ángel y me dijo que no recibirán daño alguno. Coman y estén en paz. Tengan valor”. El escuchó a Dios

Si nos afianzamos en este tipo de identidad, superaremos cualquier dificultad y adversidad. Siempre verifica tu identidad, repitiendo continuamente:

“Sólo serviré a mi Señor Dios y a su Hijo Jesucristo con todo mi corazón y mi mente”

Por lo tanto, no permitas ninguna crisis de identidad. Date cuenta claramente a quien perteneces y ten una actitud de servidumbre. Actúa según la dirección de Dios. Si te propones servirlo con esta actitud, El estará contigo.

Ahora, al saber quienes somos en Cristo, podemos continuar nuestro viaje a la renovación de la mente.

1 Comment

  1. Estimado Juan no he leído todo, pero lo poco que ví, me gustó muchísimo, te amo hermano, Dios te puso en este medio para que de esta manera puedas llevar la palabra al necesitado, que todos tenemos sed de Dios. Yo estoy concurriendo a la iglesia pentecostal unida, me gustaría mucho recibir palabras dictadas a tu corazon. Gracias por encontrate.

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