La Sangre y La Cruz: Tratamientos contra los pecados y el pecado (parte ii)

Una vez que nuestros pecados (plural) han sido lavados por la Sangre de Jesús ya no nos acercamos a Dios con culpa, preocupación o terror, pero de pronto nos damos cuenta que nosotros mismos vendremos a ser la causa de nuestra preocupación. Hay intranquilidad en nosotros porque algo dentro de nosotros nos lleva al pecado. Hay una guerra en nuestro interior: la carne y el espíritu están en un conflicto mortal dentro nuestro. Es necesario que encontramos un remedio para nuestra conducta. Es necesario tratar con la raíz de los problemas: El pecado

La naturaleza humana

Cuando comenzamos nuestra vida de cristianos sólo nos preocupa lo que hacemos, no lo que somos. Pensamos que si rectificáremos ciertas cosas seríamos buenos cristianos y tratamos de cambiar lo que hacemos. Pero nos damos cuenta que no podemos, ya que hay algo malo en nuestro interior. Tratamos de agradar a Dios pero encontramos que hay algo en nosotros que no quiere hacerlo. Mientras más tratamos de remediar todo lo malo exterior, más nos daos cuenta que el mal está arraigado dentro de nosotros. Descubrimos que nosotros somos malos¡

En Adán o en Cristo

“Cuando Adán pecó, el pecado entró en el mundo. El pecado de Adán introdujo la muerte, de modo que la muerte se extendió a todos, porque todos pecaron” (Romanos 5.12 NTV)

Todos los seres humanos somos nacidos en Adán. Todos somos constituidos pecadores, miembros de una raza que llego a ser algo que Dios no deseó. A causa de la caída tuvo lugar un cambio (mutación) fundamental en la naturaleza de Adán, transformándose en un pecador, genéticamente imposibilitado de agradar a Dios. La Biblia nos señala que no somos pecadores porque cometemos pecados, sino que la secuencia lógica es inversa: pecamos porque somos pecadores. Así como cada uno de nosotros heredó el apellido sin quererlo, heredamos el apellido “pecador” desde Adán. Somos seres pecadores no por los pecados que cometemos sino porque estamos en Adán, pecamos antes de nacer porque estamos en Adán. Nuestra vida humana, terrenal, viene de Adán, nuestra existencia viene de él, y porque su vida pecaminosa, la nuestra también. La naturaleza caída viene por herencia y no por nuestro comportamiento.

Por esto, a menos que podamos cambiar nuestra parentela, no hay rescate para nosotros.

La libertad a través de Jesús

“…Por uno solo que desobedeció a Dios, muchos pasaron a ser pecadores; pero por uno solo que obedeció a Dios, muchos serán declarados justos” (Romanos 5.19 NTV). Fuimos hechos pecadores por causa de Adán, pero constituidos justos por causa de Cristo. Cuando el Señor Jesús murió hizo cesa toda vida en Adán; cuando resucitó nos impartió nueva vida. Dios nos ha dado la solución para ser librados del pecado.

Resumamos una vez más la situación. Problema: Nacimos pecadores. ¿Cómo, entonces, podemos separarnos de nuestra herencia pecaminosa? Sabiendo que nacimos de Adán ¿Cómo podemos separarnos de su naturaleza? No es a través de la Sangre de Jesús, ya que esta nos sirve para limpiar nuestros pecados. Existe un sólo camino: ya que entramos por nacimiento en la naturaleza terrenal, es evidente que saldremos por muerte. Para separarnos de nuestra tendencia pecaminosa debemos separarnos de nuestra vida.  Y esta es el remedio: la muerte es el remedio para vencer al pecado. “…Así también ustedes deberían considerarse muertos al poder del pecado y vivos para Dios por medio de Cristo Jesús” (Romanos 6.11 NTV)

Pero como morir. La solución no es tratar de matarnos, sino reconocer que Dios nos ha juzgado en Cristo. “…¿O acaso olvidaron que, cuando fuimos unidos a Cristo en el bautismo, nos unimos a él en su muerte?” (Romanos 6.3 NTV). Por lo tanto nuestra liberación comienza cuando entramos en Cristo. Pero ¿que hacemos para entrar en Cristo? ...NADA¡¡. Lo que no pudimos hacer nosotros Dios lo ha hecho a nuestro favor “Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que él fuera la sabiduría misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado” (1 Corintios 1:30 NTV). No necesitamos esforzamos en como entrar. Dios ya lo llevó a cabo. Es un hecho. Algo consumado. Dios nos ha puesto en Cristo, y toda la raza humana va con Él. Nuestro destino está ligado con el suyo y lo que pasó con El, también pasó con nosotros. Cuando Cristo fue crucificado, nosotros también. Que hemos muerto no es un dogma, es una verdad, un hecho eterno. Estar en Cristo es equivalente a haber sido identificados con El en su muerte y su resurrección. La cruz es el poder de Dios que nos saca de Adán para ponernos en Cristo.

Pero no tan solamente estamos incluidos en su muerte, sino también en su resurrección. Por favor, pongamos atención a estos dos versículos.

” Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante…El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.” (1 Corintios 15:45,47 RV60). Se nos dice que el Señor Jesús fue el último Adán y el segundo hombre. No se le menciona como el segundo Adán, sino el último Adán, ni se refiere a Él como el último hombre sino el segundo hombre.

Como el último Adán, El es la suma total de la humanidad; como el segundo hombre es el primero de una nueva raza. Como el último Adán, reúne en si mismo todo aquello que estaba en Adán; como el segundo hombre, habiendo por su Cruz quitado el primer hombre en quien el propósito de Dios fue defraudado, presenta otro hombre en quien aquel propósito es plenamente llevado a cabo. Cuando fue crucificado, lo fue en el carácter del último Adán: todo aquello que estaba en el primer Adán fue quitado. Nosotros todos fuimos incluídos en su muerte. Como el último Adán, El quita la raza antigua, En su resurrección esta en pie como el segundo hombre. Morimos en Él como el último Adán; vivimos en El como en segundo hombre. Nuestra antigua historia, herencia, finaliza con la cruz; nuestra nueva historia comienza con la resurrección. ” Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado, ¡una nueva vida ha comenzado!” (2 Corintios 5:17 NTV). En la cruz, Dios liquidó toda la antigua creación, y de la muerte surge una nueva creación en Cristo, el segundo hombre. Si estamos en Adán todo lo que está en Adán vine a ser nuestro inevitablemente. No hay que hacer esfuerzo para pecar. De la misma forma, si estamos en Cristo todo lo que está en Cristo nos viene por gracia, sin esfuerzo alguno de nuestra parta. Es un asunto de fe.

La vida cristiana se trata sobre la vida de Cristo reproducida en nosotros. Por ejemplo, el concepto común de santificación es que cada parte de nuestra vida debería ser santa, pero eso no es santidad: es el fruto de la santidad. La santidad es Cristo. Otro ejemplo. Cuando somos conscientes de nuestro orgullo, nos imaginamos que la humildad llenará nuestra necesidad, pero la contestación al orgullo no es la humillad: es Cristo, su naturaleza y el es la única respuesta a la necesidad.

Dios nos ha dado a su hijo para ser nuestra vida y sólo necesitamos estar en Cristo, para que todo lo que está en Cristo venga a ser nuestro. Nunca se me pide esforzarme por imitar esa vida, pero sí, permitir a Cristo que viva en mi.

Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mi¡¡

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