Cuenta Regresiva

Entonces, el reino del cielo será como diez damas de honor que tomaron sus lámparas y salieron para encontrarse con el novio. Cinco de ellas eran necias y cinco sabias. Las cinco que eran necias no llevaron suficiente aceite de oliva para sus lámparas, pero las otras cinco fueron tan sabias que llevaron aceite extra. Como el novio se demoró, a todas les dio sueño y se durmieron. A la medianoche, se despertaron ante el grito de: “¡Miren, ya viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!”. (Mateo 25.1-6 NTV énfasis añadido)

            A comienzos de marzo, hace tres semanas atrás todos estábamos viviendo una vida relativamente normal, terminando las vacaciones y preparados para comenzar un nuevo año laboral, académico o para emprender nuevos proyectos familiares o personales. Sin embargo, literalmente, de un momento a otro todo cambió. Algo se escuchaba de un virus en China, que al parecer estaba provocando problemas. Luego, lejanamente escuchábamos que en Italia las cosas podrían estar complicadas. De repente, de un día para otro, ya teníamos el primer caso en nuestro país, pero aun era una enfermedad lejana, que apenas conocíamos su nombre. Sin embargo, empezamos a escuchar que de repente, cientos estaban muriendo en Italia, miles estaban comenzando a contagiarse en España, y los casos comenzaban a crecer dramáticamente en todos los países del mundo. Como si estuviéramos en una película de ciencia ficción, vimos en los noticieros como se hablaba de que los países estaban decretando toques de queda o cuarentenas, que todos los vuelos se estaban cancelando, y que producto de la pandemia las principales bolsas económicas se desplomaban.

Estamos en presencia de un evento único en la historia de toda la humanidad. Único. En la historia podemos apreciar que las pandemias siempre han sucedido. El brote de ébola en África, o la conocida H1N1, o la fiebre española que costó millones de vidas. Pero con un mundo totalmente interconectado, los efectos de esta pandemia son globales, y afectan a cada habitante de la tierra en tiempo real y de forma simultánea. Hoy, cada habitante del planeta, en cada continente, de toda etnia y de distinto estrato social está sintiendo el mismo temor a ser infectado. Hoy el mundo es uno, intentando contener el avance del virus.

Quizás una de las más grandes preocupaciones es qué sucederá en los próximos días. Queremos volver a nuestra normalidad, queremos volver al trabajo en la oficina o en la fábrica. Queremos volver a clases, conversar con nuestros amigos, salir un fin de semana al cine o a comer. Queremos volver a nuestras actividades normales lo más pronto posible. Quizás los que están cansados de las noticias aprovechan el tiempo para una maratón de series de Netflix para quemar las horas, pero aún estamos tan desconcertados que no nos detenemos a pensar que todo lo que está sucediendo en este evento único en la historia de la humanidad es producto de que Dios nos está obligando a frenar bruscamente de todas nuestras actividades para hacernos una advertencia. Dios, en su amor, y con el propósito de llamar urgentemente nuestra atención detuvo el mundo para decirnos: Ya no queda más tiempo, es hora de prepararse…

Lo más probable es que hace dos semanas atrás tu vida haya esta girando en torno a los planes que habías definido este año: ampliar la casa, casarte, el colegio de los niños, y todas esas cosas tenían ocupado nuestro tiempo. Tu podrás pensar: “pero si estos planes no son malos” y efectivamente no lo son, siempre y cuando Jesucristo sea la primera prioridad en nuestra vida. El apóstol Pablo le instó a los cristianos “Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios[1]. Nuestro Señor Jesucristo también nos dijo “No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar. Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.[2]. Hoy el Espíritu Santo nos permite este tiempo para evaluarnos sinceramente y preguntarnos dónde están mis prioridades en la tierra o en el cielo.

Quizás con la rapidez de los acontecimientos aun no logramos procesar toda la información. Estamos incomodos porque nos arrebataron nuestra estabilidad, nuestra rutina, la normalidad, estamos intentando adaptarnos a las nuevas modalidades de trabajo con el desafío de los niños en la casa. Pero estoy convencido, que lo que estamos viviendo es algo sin precedente: es el clamor del Espíritu Santo diciéndonos: Miren, ya viene Jesús, salgan a recibirlo, como lo leemos en Mateo 25.6.

Probablemente todo este desconcierto se produce porque en el fondo de nuestro corazón creemos que el deber de Dios es cumplir nuestros sueños, nuestros anhelos, respaldarnos para que todas las cosas nos salgan bien, apoyar todas nuestras ideas sustentar nuestras finanzas, cuidar nuestras casas cuando nos vamos de vacaciones y protegernos de la enfermedad, para que podamos tener éxito en todos los proyectos, pero se nos olvidó que Jesús es el Señor y que nuestro propósito en la tierra es cumplir su voluntad y no al revés, que Dios está al servicio nuestro para que hagamos nuestros planes. Hemos creído en un evangelio donde Dios es como el genio de la lámpara que va detrás nuestro resolviendo todo lo necesario para que los planes que tenemos lleguen a buen puerto, y olvidamos la oración de Jesús cuando decía “Padre, si es posible pasa de mi esta copa, pero no se haga mi voluntad[3]. Jesús nos enseñó con su propio ejemplo que ni Él vino a hacer su voluntad.

Muchos se están preguntando el por qué de esta pandemia, desde la comunidad científica hasta los líderes religiosos: algunos dicen el diablo está atacando la Tierra, otros piensan que Dios no tiene nada que ver con esto, y otros señalan que es el juicio de Dios contra los países que están en pecado. Sin embargo, nos vamos a confundir en nuestras creencias si tenemos creencias incorrectas, un evangelio incorrecto. Ahora tú puedes decir, “yo creo que Jesucristo murió por mí y por mis pecados, y que Él es el Señor”. Sin embargo, hoy quiero que reflexionemos un poco más en profundidad. Es necesario entender algo. Pon mucha atención en esto. Muchas veces el evangelio en el que creemos dice que nosotros como seres humanos somos el centro del plan de Dios. Que somos los protagonistas de la historia, la razón por la que Dios hace las cosas.

Quizás nuestra idea del evangelio puede ser algo así: “Adán y Eva pecaron y para reparar las cosas, Dios envío a su Hijo a morir por nosotros y de esta forma rescatarnos, y ahora por su muerte y resurrección podemos vivir una vida de bendición en la Tierra.” ¿Cuál es el problema de esta versión? Es una versión incompleta del Evangelio, donde nosotros somos el centro del plan de Dios. Dios se mueve en función del ser humano. Esta visión del Evangelio nos puede llevar a confundirnos y no entender los eventos futuros que sucederán.

Entonces, ¿Cuál es EL evangelio? ¿Cuáles son las buenas noticias? Y esto es lo que te quiero hablar el día de hoy, el evangelio completo es el evangelio del Reino

El evangelio del Reino

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24.14)

            Este es un tiempo donde debemos renovar nuestros pensamientos y nuestra mente y entender que Jesús es el centro de toda la creación tanto del mundo espiritual como del terrenal. Como lo señala Pablo “porque, por medio de él (Jesús), Dios creó todo lo que existe en los lugares celestiales y en la tierra. Todo fue creado por medio de él y para él[4]. Todo es para Jesucristo.

¿Cuál es el evangelio del Reino? Muy resumidamente. Dios, antes de la creación de todas las cosas tenía un propósito: crear un reino para su Hijo, Jesucristo[5]. Por esta razón, Dios creó lo espiritual en los cielos (ángeles, querubines, serafines, arcángeles) y lo físico en la tierra[6]. Dios creó un trono en los cielos, que representa el dominio sobre todas las cosas que existen, y puso a seres espirituales para proteger el trono preparado para Jesucristo[7]. Uno de esos querubines se llamaba Luciel, y al observar todo el poder que se reunía en ese trono dijo: “Subiré al cielo para poner mi trono por encima de las estrellas de Dios. Voy a presidir en el monte de los dioses, muy lejos en el norte. Escalaré hasta los cielos más altos y seré como el Altísimo”. Este ser ansioso de poder se transformó en Satanás y fue arrojado a la Tierra.

Posteriormente Dios creó al ser humano en la Tierra, y le dio dominio sobre toda la creación incluido los animales. Sin embargo, el enemigo en forma de serpiente[8] engañó a Eva, y junto a Adán comieron del fruto que no debían, cediéndole su poder de dominio a Satanás. Desde ese momento en adelante, Satanás se transformó en el príncipe de este mundo[9]. Sin embargo, a partir desde ese mismo momento Dios anunció a los hombres una esperanzadora promesa: que pronto vendría un rey sobre la Tierra a quitar el poder de Satanás y a restaurar todas las cosas. Dios mismo le dijo a Eva que un futuro hijo suyo aplastaría la cabeza de la serpiente[10]. Desde ahí en adelante vemos que el tema central del Antiguo Testamento fue: ánimo, sabemos que las cosas están mal, pero viene un Rey, un Cristo, el Mesías, el Ungido, que instaurará un reinado de justicia, de amor, de paz, y vencerá a todos sus enemigos.

Haciendo eco de buena noticia poco tiempo antes del inicio del trabajo de Jesús en la tierra, Juan el Bautista comienza a proclamar “Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca[11]. Juan el Bautista había leído todas las profecías sobre este futuro rey y pensaba que Jesús iba a venir a establecer su Reino en la Tierra. [12] Sin embargo, de un momento a otro las cosas se comenzaron a volver confusas para Juan el Bautista. Jesús, a quien el había bautizado y era el Rey que restauraría todas las cosas no estaba estableciendo un nuevo gobierno. Por el contrario, estaba caminando entre los pobres, entre las viudas, entre los enfermos con un grupo de pescadores, todo lo contrario, a lo que un rey haría. Fue tanta la confusión en la mente de Juan el Bautista que desde la cárcel envío a sus discípulos a preguntarle a Jesús “¿Eres tú el Mesías a quien hemos esperado o debemos seguir buscando a otro?”[13] Muchos de los judíos no aceptaron (ni aun aceptan) a Jesús como el Mesías porque toda la profecía del Antiguo Testamento habla sobre un futuro rey, y Jesús, aunque hizo buenas cosas en la tierra no estableció un reino que los liberará de la opresión del Roma.

¿Por qué Juan el Bautista casi retrocede en aceptar a Jesús como el Mesías? Porque no había entendido que Jesús antes de subir al lugar de todo poder que Dios había preparado para él debía ser formado y perfeccionado en la tierra[14]. Y, ¿Cómo debía ser perfeccionado Jesús? Como dice el escritor del libro de Hebreos: “convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos[15] y añade “Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y, consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen[16]. Por esta razón, por haber ofrecido su vida, por ser obediente, por ser hallado justo, por haber mostrado un corazón misericordioso, por haber sido un siervo fiel y por haber derramado toda su sangre por sus hermanos, nosotros, fue hallado digno, merecedor del lugar de más alta autoridad que Dios había preparado para él.

Por esta razón, luego de ofrendar su vida en la cruz por nosotros, Jesús fue ascendido a los cielos, y en el cielo tomó el lugar de dominio y autoridad sobre todas las cosas, como Dios había preparado para Él. Juan fue testigo presencial de como Jesús tomó todo el poder. Fue testigo de este acontecimiento en primera persona cuando escuchó a los seres espirituales en el cielo proclamar “ ¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!”[17].

Sin embargo, los eventos no concluyen ahí. Lamentablemente, muchos cristianos entienden la historia hasta este punto porque tenemos un evangelio centrado en nosotros mismos, en que todo acabo en nuestra redención. Pero los hechos continúan y lo que hoy estamos viviendo en este evento único en la historia de la humanidad es la continuación de la voluntad de Dios. Jesús viene ahora no como siervo, sino como Rey a tomar posesión de la tierra que le pertenece y su venida es inminente. Por eso, el profeta Malaquías hace muchos años anunció “Estoy por enviarles al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible[18]”. Y esa es la voz que estas escuchando en estas palabras, la misma voz de Juan el Bautista “Arrepentíos porque el Reino de los Cielos está próximo

El Espíritu Santo es totalmente claro al explicarnos que es lo esta sucediendo hoy en día con la crisis provocada por esta pandemia. En una ocasión los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?”[19]. Jesús responde claramente a esta pregunta y señala “Habrá grandes terremotos, hambre y epidemias por todas partes, cosas espantosas y grandes señales del cielo[20] Pero como podemos ver a través de todo el Apocalipsis esto no es producto de que el enemigo tomo el poder y a Dios se le escapó de las manos. Por el contrario, esto es activado por el mismo Dios para venir a tomar el reino sobre la tierra. Por esta misma razón, Jesucristo dijo “aprendan una lección de la higuera. Cuando las ramas echan brotes y comienzan a salir las hojas, ustedes saben que el verano se acerca. De la misma manera, cuando vean que suceden todas estas cosas, sabrán que su regreso está muy cerca, a las puertas[21]

Por eso, el mensaje de urgencia de Dios a través de esta pandemia es “Arrepentíos por que el Reino de los cielos se ha acercado” Es la voz de Juan el Bautista anunciando que se acerca el día del Señor. Y este es el Evangelio del Reino, Jesús murió, resucitó y ascendió a los cielos y tomó el control de todas las cosas, y está a las puertas de establecer un reino de justicia, de amor, de esperanza, de sanidad, donde no habrá llanto ni dolor. Y nosotros tendremos el privilegio de gobernar junto con Él por la eternidad, si permanecemos hasta el final en santidad y con vidas rendidas a su voluntad.

Además, Jesucristo nos da otra señal clarísima de su venida “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”[22]

¿Como prepararnos?

Las cosas se van o poner extraordinarias o terribles de acuerdo con el evangelio que estás viviendo. Si no vives para este mundo, si todo lo de la tierra lo tienes por basura, si vives como un extranjero en esta tierra y la oración de tu corazón es “venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”[23] vas a vivir los años más emocionantes de tu vida. Vamos a ver el avivamiento más grande de toda la historia, donde milagros asombrosos ocurrirán, donde las personas de todo el mundo oirán el mensaje que Jesús está pronto a establecer su reino[24]. Como dice el escritor de Hebreos “Pues, si somos fieles hasta el fin… entonces tendremos parte en todo lo que le pertenece a Cristo[25] Pero si estás viviendo una vida donde tu eres el dueño de tu vida, donde tus planes y anhelos son lo primero, donde aceptaste pecados en tu vida y los disfrutas y esperas volver pronto a la normalidad, para seguir viviendo de acuerdo con tus planes, las cosas se pondrán cuesta arriba para ti, porque Jesús nos señala que esto es el principio de los dolores[26].

Sé que lo que te diré ahora no es popular, y quizás te enojes conmigo, pero Dios comenzará a probar nuestros corazones, para que nos demos cuenta donde está, en las cosas de arriba o en la tierra. Jesús nos lo dijo de antemano para que estemos preparados, no para infundirnos un temor paralizante, sino para todo lo contrario, para que tomemos conciencia de la urgencia y nos preparemos en arrepentimiento. Jesús nos dice lo que sucederá “Entonces los arrestarán, los perseguirán y los matarán. En todo el mundo los odiarán por ser mis seguidores. Muchos se apartarán de mí, se traicionarán unos a otros y se odiarán” “el amor de muchos se enfriará; pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo[27]. Sin embargo, como lo hemos aprendido de lo que dice Juan “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte[28]

Lo que hoy escuchas la voz del Espíritu Santo que te dice que este es un tiempo de arrepentimiento, de reordenar las prioridades de tu vida, de volver a una vida de santidad, de confesar pecados que te han tenido esclavizado hace años, de prepararte, de correr a Jesús mientras haya tiempo. El no está para condenarnos, el tiene sus brazos de amor extendidos para purificarnos de todos nuestros pecados, para purificar nuestras conciencias de obras malas, “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.  Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.”[29]. Hoy hay misericordia de Dios para restaurarnos de todas nuestras malas decisiones.

El Señor nos dice hoy “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia[30]. No importa cuan bajo sientas que has caído, ni cuan lejos sientes que te encuentras de Dios porque “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor”[31]

          No seamos necios y entendamos los tiempos que estamos viviendo y pidámosle al Espíritu Santo que analice lo más profundo de nuestra vida, que quite todo pecado, que seque toda raíz de amargura. El Espíritu Santo contestará inmediatamente esta oración porque Él desea prepararnos como una “iglesia gloriosa que no tenga mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que sea santa y sin mancha[32] Es tiempo de liberarnos del peso del pecado que nos impide correr la carrera a la que Cristo nos llamó y así poder preparar el camino de Cristo nuestro rey.

Es un tiempo emocionante para aquellos que esperamos el retorno de Cristo a gobernar la tierra. Veremos incluso cosas mayores de las que hizo Jesús. El Espíritu Santo se moverá de una forma que nunca antes lo hemos visto, y para ser parte de eso debemos prepararnos, tener la certeza en nuestro corazón de que, si es necesario, podamos ser capaces de poner nuestra vida en ofrenda por Cristo. Mi oración sincera es que en este tiempo puedas ser preparado para lo que Cristo anunció que vendría, y puedas mantenerte firme pase lo que pase, y “el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca[33]

Cuidémonos de confundirnos como casi Juan el Bautista se confundió por tener una creencia incompleta. Juan el Bautista esperaba al Jesús rey, pero recibió al Jesús siervo que profetizó Isaías, por eso se confundió. Sin embargo, muchos de nosotros aun pensamos y tenemos la idea de Jesús como siervo, pero al que recibiremos es al Jesús rey, al que viene a juzgar a la tierra y a probar nuestros corazones para que podamos reinar con Él.

[1] Colosenses 3.2-3 NTV

[2] Mateo 6. 19-34 NTV

[3] Mateo 26.39

[4] Colosenses 1.16 NTV

[5] Recordar parábola de los labradores malvados Mateo 21.16

[6] Hacer referencia al tabernáculo de los cielos que es la realidad, y el tabernáculo de la tierra que es una imagen de lo que esta en el cielo.

[7] Ezequiel 28.14-19

[8] Es interesante que la Biblia nos muestra a Satanás en el Jardín del Edén como una serpiente, un animal. Al crear al hombre Dios le dio dominio sobre todos los animales, incluida la serpiente. Sin embargo, el ser humano no utilizó esa autoridad y fue esclavo de Satanás.

[9] 2 Corintios 4.4. También podemos apreciar esto en la tentación de Jesús, donde Satanás le ofrece a Jesús todos los reinos del mundo. (Mateo 4.8-10)

[10] Génesis 3.15

[11] Mateo 3.2 NTV

[12] Los judíos en el tiempo de Cristo estaban pasando por un tiempo de aflicción bajo el imperio romano. De hecho, había muchos grupos políticos esperando el reinado político del mesías sobre la tierra, para que los librara de la opresión de Roma.

[13] Mateo 11.3

[14] Para revisar este tema estudiar en profundidad el libro de Hebreos

[15] Hebreos 2.10 NVI

[16] Hebreos 5.8-9 NTV

[17] Apocalipsis 5.12 NVI. Ver también Filipenses 2.

[18] Malaquías 4.5

[19] Mateo 24.13

[20] Lucas 21.11 NVI

[21] Mateo 24.32-34 NTV

[22] Mateo 24.14

[23] Mateo 6.10

[24] Hebreos 2.5-7

[25] Hebreos 3.14 NTV

[26] Mateo 24.8

[27] Mateo 24.9-10, 12

[28] Apocalipsis 12.11

[29] Hebreos 4.15-16

[30] Jeremías 31.3

[31] Hebreos 8.35, 38

[32] Apocalipsis 5.27

[33] 1 Pedro 5.10

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