¿Homo Deus?

 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo

Apocalipsis 3.20

Esta semana, mirando las noticias, vi algo que me sorprendió muchísimo[1]. En uno de los noticieros más importantes de Estados Unidos estaban entrevistando a un pastor para preguntarle sobre su reflexión acerca de la pandemia. Al terminar la entrevista, el periodista le dijo al pastor: nunca le hemos pedido esto antes a otra persona, pero ¿podría usted orar por nosotros y por nuestra audiencia? Lo más sorprendente es que este no fue el único caso. Otro medio secular, el Wall Street Journal, publicó un artículo llamado: “Coronavirus ¿es el gran despertar?”[2] Y decía lo siguiente:

A veces el ingrediente más importante para un renovar espiritual es un evento cataclísmico. ¿Puede una plaga de proporciones bíblicas ser la mejor esperanza para un avivamiento espiritual? Para las sociedades cristianas, los cataclismos no necesitan marcar el fin. Ellos son un llamado para el arrepentimiento y avivamiento. Grandes catástrofes producen gran entendimiento

Creo que estos dos casos nos ejemplifican que el mundo está más sensible a Dios en estos tiempos. Nosotros mismos estamos mucho más sensibles a Dios. Lamentablemente, muchas veces vivimos tan concentrados en nuestras rutinas, en nuestras actividades, que desatendemos la voz de Dios, descuidando nuestra relación con Él. Comenzamos a dejar la santidad porque nos comenzamos a sentir seguros, autosuficientes, prósperos, y cuando nos sentimos de esta forma, no necesitamos a Dios.

Esta semana estaba leyendo un libro llamado “Homo Deus”[3] o “el hombre Dios” de Yuval Harari, uno de los libros más vendidos en el mundo durante los últimos años. En este libro, Harari hace un recorrido del avance de la ciencia, los descubrimientos y desarrollos de la medicina, de la inteligencia artificial, de nuestra autosuficiencia y declara lo siguiente:

“(…) dados nuestros antecedentes y nuestros valores actuales, es probable que los próximos objetivos de la humanidad sean la inmortalidad, la felicidad, la divinidad… después de haber elevado a la humanidad por encima del nivel bestial de las luchas por la supervivencia, ahora nos dedicaremos a ascender a los humanos a dioses, y a transformar al Homo Sapiens en un Hombre Dios” “Así, bien podríamos esperar que la nueva agenda humana vaya a contener un solo proyecto: ser dioses.”(p.30)

Quizás las palabras de este historiador te suenan muy ridículas, pero en realidad eso es lo que hemos intentado hacer como hombres en la tierra. Sacar a Dios de nuestras vidas y transformarnos a nosotros en nuestros dioses. A veces creemos que por nuestra inteligencia hemos logrado todo lo que tenemos, o que nuestro trabajo nos da el sustento para llevar una buena vida, o tener un buen seguro de salud nos va a asegurar una buena atención médica. Sin embargo, basta que aparezca un minúsculo microrganismo, para que destruya toda nuestra supuesta estabilidad y autoconfianza. Hoy en día las reflexiones de este historiador que decía “en la lucha contra las calamidades naturales como el sida, el ébola o las pandemias, el hombre ha ganado la batalla” suenan una ridiculez.

Sin embargo, muchas veces como cristianos dejamos que estas ideas que abundan en este mundo permeen en nuestro corazón. Quizás explícitamente jamás declaremos con nuestras bocas: ¡yo soy un dios!, pero vivimos nuestras vidas como si así fuera. Dejamos a Dios en el último lugar de nuestras vidas, porque es necesario responder bien en el trabajo, en la universidad, en la casa, en un sinfín de actividades que requieren nuestro tiempo y atención, porque de esas actividades dependen nuestro “éxito”, y como Dios tiene tan poca incidencia en que las cosas vayan bien lo dejamos de lado. Tristemente, a veces Dios debe permitir que una pandemia mundial golpee la tierra para como decía el Wall Street Journal, nos arrepintamos.

Y cuando analizamos la Biblia es una verdad que los grandes despertares espirituales no se produjeron en momentos de abundancia o tranquilidad, sino que, en la mayoría de los casos, los hombres miraron al cielo cuando en la tierra ya no había soluciones para los problemas. Lamentablemente, muchas veces así somos como seres humanos. Dios nos advierte que vamos por un mal camino, que nos estamos desviando de Él, que el pecado nos está arrastrando lejos de Su presencia y de su voluntad para nuestras vidas, pero estas palabras más que producirnos algún remordimiento no nos hacen cambiar de rumbo. Pero cuando Dios permite situaciones que nos afectan profundamente, recién decidimos volvernos a Dios.

Y Dios en este tiempo, a través de esta situación mundial, nos está llamando a que nos acerquemos a Él, que nos arrepintamos de lo mal que podamos estar haciendo, para que Él pueda restaurarnos, sanar nuestra tierra y ocupar nuestras vidas para el establecimiento de Su reino. Uno de estos llamados fuertes que Dios nos hace a volvernos a Él lo encontramos en el libro de Apocalipsis. La gran mayoría conoce el libro de Apocalipsis por los juicios de Dios sobre la tierra. Sin embargo, antes de que comience el relato de todos estos eventos finales, el Espíritu Santo ordena a Juan que escriba cartas a siete iglesias que había en ese tiempo. Todas estas iglesias se encontraban en Asia Menor, lo que corresponde hoy en día al país de Turquía.

Muchos estudiosos de la historia de la iglesia señalan que cada una de estas iglesias del Apocalipsis representa un tiempo de histórico de la iglesia, y que nosotros específicamente nos encontramos viviendo en el tiempo de la última iglesia, Laodicea, previo a la venida de Jesús a establecer su reino. Por esta razón el Señor le dice a esta iglesia “Yo estoy a la puerta…y llamo”. Es Jesús diciendo que Él se encuentra muy cerca.

De acuerdo con los registros históricos y arqueológicos, la ciudad de Laodicea era una de las ciudades más prosperas de la región. Muchos negocios habían florecido en esta ciudad y se veía riquezas por todos los lugares. Los negocios más importantes de la ciudad era la industria textil y los bancos que almacenaban oro. Además, la medicina estaba muy bien desarrollada en esta ciudad. Sin embargo, la ciudad tenía un gran problema. A diferencia de sus ciudades vecinas, Laodice no tenía una fuente de agua propia, por lo tanto, traían el agua en grandes contenedores de piedra y metal desde las ciudades vecinas. Pero ¿Qué sucedía? por el calor que hay en la región, el agua llegaba tibia a la ciudad, y reaccionaba químicamente con los minerales de los recipientes haciendo muchas veces el agua apestosa. ¿Has tomado alguna vez agua con sal? Así se sentía esa agua en la boca.

Esta ciudad estaba bajo dominio del imperio romano, bajo el reinado de Domiciano, el primer emperador romano que se declaró así mismo como dios. Bajo este delirio, Domiciano obligó a todos quienes estaban bajo su gobierno que debían adorarle, incluidos los cristianos. De acuerdo con los historiadores, los cristianos de toda la región de Asia Menor (donde estaban las siete iglesias) incluidos los de Laodicea comenzaron a ser perseguidos por Domiciano. Por esta razón, la presión que sufrieron los cristianos para mantener sus riquezas y su estatus fueron intensas y tuvieron que enfrentar un gran dilema ¿Cooperar con el culto al emperador y así mantener su estatus económico o rechazar a Domiciano y aceptar las consecuencias por servir a Cristo? Como lo vemos en Apocalipsis, el Espíritu Santo felicita a otra iglesia, la iglesia de Esmirna, porque se mantuvo firme al punto de perder todas sus riquezas. Él les dice: “Yo sé de tu sufrimiento y tu pobreza[4]. Sin embargo, el mensaje a Laodicea es totalmente diferente.

“Yo sé todo lo que haces, que no eres ni frío ni caliente. ¡Cómo quisiera que fueras lo uno o lo otro!; 16 pero ya que eres tibio, ni frío ni caliente, ¡te escupiré de mi boca!”

Apocalipsis 3.15-16 NTV   

Al entender el contexto histórico nos damos cuenta de que lamentablemente Dios no estaba halagando a la iglesia de Laodicea. Toma cada uno de los contextos sociales y ecoonómicos de la ciudad para darles una enseñanza, y esta enseñanza podemos y debemos aplicarla urgentemente en nuestras vidas[5].

  1. Tú dices: “Soy rico, tengo todo lo que quiero, ¡no necesito nada!”

Lamentablemente, en muchas ocasiones esa es nuestra reflexión interior. No necesitamos a Dios. El salario nos alcanza bien, tenemos un buen empleo, un buen título, la economía de la ciudad no anda mal, vivimos bien. Estamos cómodos. ¿Cuántas veces cuando nos preguntan, por qué necesitas la oración?, contestamos: “No, estoy bien, no necesito nada, solo pido por la paz del mundo”. El rico en la Biblia representa a aquel que es autosustentable y no necesita nada.

Con mi esposa cuando llegamos a Estados Unidos tuvimos que aprender esta lección. Básicamente en Chile, no teníamos necesidades económicas. Sin embargo, producto de la crisis social en Chile se retrasaron los pagos de nuestra mantención por cuatro meses. Durante cuatro meses no tuvimos salario, y viviendo en un país totalmente nuevo. Fue ahí cuando entendimos que nuestra estabilidad económica depende solamente de Dios. Que debemos ir todos los días a Él para pedirle el sustento diario, y el respondió milagrosamente en cada ocasión. Sin embargo, cuando estamos acostumbrados a recibir la transferencia o el cheque del salario todos los meses, es muy fácil confundirse y creer que gracias a nuestro esfuerzo o a la empresa lo obtuvimos.

  1. Y no te das cuenta de que eres un infeliz y un miserable; eres pobre, ciego y estás desnudo

Como lo mencionábamos inicialmente, en muchas ocasiones hay situaciones difíciles que nos muestran nuestra verdadera condición. Que detrás de toda esa apariencia de estabilidad y autosuficiencia somos infelices. Recordemos lo que veíamos históricamente de la ciudad de Laodicea: era una gran ciudad de comercio. De hecho, se piensa que había muchos centros comerciales grandes en la avenida principal de la ciudad abastecidos con toda clase de bienes. ¿Cuántas veces hemos construido nuestra felicidad en las cosas materiales, en lo que podamos comprar con nuestro dinero? Podemos ir al cine, podemos salir a comer, pero viene una cuarentena, se reducen las finanzas y sale amargura de nuestro corazón. Eso sucede porque en nunca fuimos felices, porque la verdadera felicidad viene de saber que Jesús nos ha salvado y rescatado. A veces estas circunstancias difíciles nos muestran que en realidad somos infelices, miserables y pobres y que necesitamos a Jesús.

El problema de toda esta autosuficiencia es que nos ciega. Les citaba al inicio este libro de un Doctor en Historia de Oxford, y cuando lo leemos a la luz de los acontecimientos de hoy francamente es una ridiculez. Sin embargo, nuestra estabilidad nos encierra en una ilusión y estamos ciegos para ver nuestra propia condición. Pero lamentablemente, a veces son los cataclismos los que nos permiten un espacio de lucidez para mirar la realidad.

Además, en la ciudad de Laodicea tenían todo tipo de telas. Quizás era la ciudad de Asia Menor con mayor cantidad y disponibilidad de ropa para vestirse y lucir. Sin embargo, el Señor le dice a la iglesia que en realidad esta desnuda. Pueden tener más vestimenta que cualquier otra ciudad, pero en realidad se encuentra desnuda, sin la protección de Dios. Esta es la condición de esta iglesia.

  1. No eres ni frío ni caliente, pero ya que eres tibio, ¡te escupiré de mi boca!

El Espíritu Santo utiliza como figura el problema que la ciudad de Laodicea tenía con el abastecimiento de agua, para mostrarles que ellos eran tibios, incómodos para ser soportados por Dios e iban a ser escupidos de su boca. ¿Cuál era la causa de esa tibieza? Para no perder sus privilegios y su estabilidad económica, los miembros de esta iglesia aceptaron ofrecerle culto al emperador romano Domiciano, transando su fidelidad a Cristo. El mismo libro de Apocalipsis nos muestra cual es la iglesia fiel. Es la iglesia que es capaz de ofrendar su vida por Jesucristo.

“Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el testimonio que dieron. Y no amaron tanto la vida como para tenerle miedo a la muerte” Apocalipsis 12.11 NTV

Los cristianos de otra iglesia, Esmirna, entendieron que el verdadero premio se encuentra en la vida después de esta, y que, si somos fieles a Cristo en esta vida, Él nos permitirá sentarnos en su trono con Él. Por esa razón, los placeres de la tierra les parecieron sin valor.

¿Cómo arrepentirnos?

El Señor, en su gran misericordia, le da recomendaciones a la iglesia de Laodicea para que se vuelva y no venga a destruirla. ¿Cuáles son estas recomendaciones?

  1. Te aconsejo que de mí compres oro —un oro purificado por fuego— y entonces serás rico.

Los cristianos de Laodicea entendieron muy bien esta recomendación, porque era una ciudad de bancos, y en ese tiempo la moneda de intercambio era el oro, y el valor del oro se medía por su pureza. ¿Qué representa el oro refinado en la Biblia? Es un carácter a prueba de fuego el cual es formado a prueba de persecuciones, a prueba de hambre. Una personalidad tan fuerte que a pesar de cualquier adversidad se mantiene fiel a Jesús. Como nos dice el Espíritu Santo en el libro de Lucas 14.22 “confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Tal como lo dijo Jesucristo “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará[6]

  1. Compra también ropas blancas de mí, así no tendrás vergüenza por tu desnudez

Además, el Señor nos recomienda comprar ropas blancas, que siempre en la Biblia representan santidad, representan rectitud. Esto quiere decir que el Señor está esperando un arrepentimiento profundo en nuestros corazones, una confesión de que hemos vivido alejados de Él, y un clamor porque la Sangre de Jesús nos limpié de cada uno de nuestros pecados, para presentarnos con vidas santas delante de Dios.

  1. Y compra ungüento para tus ojos, para que así puedas ver

Laodicea era una ciudad de gran desarrollo médico, famosa por un ungüento para los ojos en base a una preparación de harina en forma de tortillas y aceite, el pan que representa, la palabra y el aceite que es el Espíritu Santo. Esto significa volvernos a la Palabra y al Espíritu Santo, para conocer la verdad. Debemos recordar que la Biblia nos menciona que en el último tiempo muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos, por esta razón es urgente volvernos a la Palabra, para que el Espíritu Santo a través de ella nos hable a nuestro corazón. Es la Palabra la que revela hasta lo más profundo de nuestro corazón, es el espejo que nos permite ver, y que utiliza el Espíritu Santo para convencernos de todo pecado, y de esta forma arrepentirnos.

  1. Yo corrijo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé diligente y arrepiéntete de tu indiferencia.

Dios nos ama tanto que quiere evitar que nuestras vidas se pierdan por la eternidad producto del pecado y de vivir alejados de Él, por eso permite correcciones y disciplinas para que nos podamos acercar a Él. Sin embargo, no tenemos que esperar a sufrir un castigo mayor por nuestra desobediencia. Si nos arrepentimos y volvemos a Dios ahora con todo nuestro corazón el limpiará nuestras vestiduras. Por lo tanto, debemos ser diligentes, es decir, hacerlo urgentemente, y arrepentirnos de nuestra indiferencia a Cristo.

  1. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos.

Si somos diligentes en arrepentirnos, Jesús se acercará a nosotros. Disfrutaremos su presencia como nunca antes y Él nos llamará amigos.

  1. Todos los que salgan vencedores se sentarán conmigo en mi trono, tal como yo salí vencedor y me senté con mi Padre en su trono

Luego de seguir estas instrucciones por parte de Dios estaremos capacitados para servir a Dios con todo nuestro corazón. Seremos parte del gran avivamiento que vendrá sobre la Tierra, para traer a Jesús nuestro rey otra vez.

 

[1] Ver entrevista en https://www.youtube.com/watch?v=rR-ZHMno0ko

[2] Ver entrevista en https://www.wsj.com/articles/a-coronavirus-great-awakening-11585262324

[3] https://www.amazon.com/Homo-Deus-Brief-History-Tomorrow/dp/0062464310

[4] Apocalipsis 2.10 NTV

[5] Puedes leer todo el mensaje a esta iglesia en Apocalipsis 3.15-21

[6] Mateo 16.24

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